Seis semanas después de graduarme de la universidad, mi padre me dio un regalo extraño: una solicitud de empleo para una tienda de ropa para dama en un suburbio al norte de Chicago.

El trabajo resultó ser uno de los más desafiantes de mi carrera profesional: el lidiar con los pormenores de ventas minoristas tiende a preparar a un trabajador verdaderamente motivado para sobresalir. A pesar de las dificultades, seguí adelante. En menos de un año conseguí una oportunidad lateral trabajando como asistente de ventas para una empresa de representantes para televisión.

 Llegaba temprano. Me quedaba hasta tarde. Terminaba mi trabajo a tiempo. Era una empleada modelo. Sin embargo, cuando solicité ingresar al programa de aprendiz de ventas, me encontré con muchos obstáculos. En ese momento fue cuando mi padre me invitó a unirme a Jelmar, estábamos comiendo un bagel con queso crema, poco antes de mi cumpleaños número 25. Pero no tendría todos los elementos de un rol estilo Hollywood. No contaba con un título o un escritorio. No obstante, recibiría un cheque y la oportunidad de aprender sobre el negocio familiar, así que acepté.

Ese día no me imaginaba que para el año 2007 me convertiría en presidenta de la compañía. Pero la vida te sorprende de muchas maneras. La clave es prestar atención y aprovechar las oportunidades, sin darse tiempo de pensar demasiado en el pasado — eso incluye abordar el liderazgo con una mirada fresca que no esté cegada por la historia.


Liderazgo sin las cargas del legado

Soy la líder de tercera generación de Jelmar, algo que solo el 10 por ciento de las operaciones familiares puede presumir. Si bien respeto la forma en que mi abuelo y mi padre dirigieron nuestro negocio, yo quiero que la organización sea moderna y cuente con alta tecnología. En otras palabras, yo veo la compañía como una entidad que ha alcanzado su madurez y como tal, merece ser tratada de manera distinta.

Es por esa razón que me propongo tomar decisiones empresariales firmes que no solo sean justas y ayuden a que la compañía avance, sino que también estén basadas en información sólida y análisis progresistas. Tenemos la información al alcance de nuestras manos, ¿por qué no aprovecharla para mejorar? Al final del día, nuestros proveedores deberían sentir que pueden pensar en soluciones, siendo motivados por hechos sólidos y principios alineados.

Dicho esto, aún somos un negocio familiar y creo firmemente en ser accesible. Hace poco contratamos a un nuevo miembro del equipo. En lugar de solo estrechar su mano y dirigirme a mis reuniones, dediqué unas horas de mi día para ayudarle a organizar su oficina. El tiempo que pasamos juntos nos permitió discutir sobre Jelmar a fondo como colegas, no como Directora General y empleado.


Dominar el equilibrio de negocios a nivel de tercera generación

Otros líderes se encuentran en la misma posición que yo, teniendo que enfrentar el acto de equilibrio constante entre respetar a quienes llegaron antes sin permitir que decisiones anticuadas influyan en la productividad o en las posibilidades de ingresos. Tal vez usted sea uno de ellos. Si es así, entonces le tengo un pequeño consejo: Siga lo que sea correcto para su compañía el día de hoy.

Por ejemplo, hace poco asistí a una serie de grupos de enfoque para consumidores. Ahí escuché lo que las personas decían, sentían y creían sobre los productos de Jelmar. Tomaré lo que dijeron, lo bueno y lo malo, y lo usaré para mejorar sus necesidades actuales y futuras. No diré simplemente “pero tenemos que hacer las cosas de la forma en que siempre las hemos hecho”, ya que esa es una postura perdedora.

Mi objetivo es honrar el legado de negocios de mi familia sin imitar aquello que ya no es relevante. Al igual que una persona, Jelmar debería recibir la oportunidad de cambiar y crecer conforme pasa el tiempo. Siempre y cuando nos mantengamos firmes en la misión de realizar decisiones seguras y sustentables para nuestra gente, nuestros clientes y el medio ambiente, me siento feliz de seguir evolucionando por el progreso de todas las partes interesadas.