Aunque lo que podría ser algo único es que mi círculo de amigas forma parte del C200, una organización de liderazgo para mujeres de negocios y de la cuál me siento muy orgullosa de formar parte.

En conjunto, las mujeres de este grupo controlan $1.4 billones de dolares en ingresos, forman parte de 68 juntas corporativas que aparecen en Fortune 500 y cuentan con 2.5 millones de empleados. Sin dudas, una gran inspiración.

 

Eso no quiere decir que mi amistad con estas mujeres solo se trata de negocios, nunca ha habido un reto parental o un desacuerdo familiar que estas damas no pudieran ayudarme a superar. Pero en mi opinión, hay algunas ventajas especiales que cualquier mujer (líder de negocios o no) puede obtener al contar con un grupo de amigas tan unido. Existe un tipo de calidez, vulnerabilidad e intimidad emocional única en las amistades entre mujeres que los hombres no parecen desarrollar con sus amigos.

 

Tal vez esto se debe a que las mujeres suelen ser muy conscientes de los problemas en común, por ejemplo, el sexismo en el trabajo, y eso nos vuelve más propensas a ayudarnos una a la otra. O quizás, como se ha demostrado en estudios, las mujeres son biológicamente más propensas a acercarse a otros, en lugar de retraerse, al enfrentarse a un reto.


Sea cual sea la razón, sé que mis amigas me han convertido en una mejor líder de negocios—y una mejor persona. Ellas me hacen ser más fuerte, más inteligente y más valiente; voy a parafrasear a Jane Fonda en una de mis charlas TED favoritas, en la cual ella y Lily Tomlin ofrecen su punto de vista sobre las amistades entre mujeres, el cual es tanto divertidísimo como profundo.

 

Fonda también explica que sus amigas le dicen cuando “necesita corregir su curso” y permítanme decirles que conozco esa sensación. Una parte del por qué son tan maravillosas las amistades entre mujeres es que hay una lealtad y apoyo mutuo que permite discutir abiertamente los errores y los defectos. Mis amigas quieren ayudarme a ser feliz, no juzgarme por mis debilidades.

 

Pero, ¿la vulnerabilidad es realmente una ventaja en los negocios? Según mi experiencia, por supuesto. Un gran ejemplo de ello es la disposición de uno mismo para aceptar retroalimentación. Si se cierra a la idea de que tiene defectos, entonces su crecimiento como líder de negocios y como persona se verá inhibido, cuando menos. Contar con un grupo de amigas que no dudarán en hacerle ver sus errores —y ofrecer elogios en abundancia por sus logros— puede ayudarle a sentirse cómoda con la vulnerabilidad. Eso le ayuda a aceptarse a sí misma como una persona equilibrada tanto con sus fortalezas como sus debilidades, creando un camino para su crecimiento.

 

Y una vez que me convertí en Directora General de una compañía, ese sistema de apoyo se volvió más importante que nunca. Como dice el dicho, se siente solitario en la cima y los líderes de negocios en los niveles más altos suelen darse cuenta de que no tienen una fuerte red de amigos confiables a los cuales acudir cuando se presenta un reto. Esa es, sin duda, una mala situación pero lo peor es cuando la naturaleza aislante del liderazgo se vuelve un freno para los logros.

 

No solo puedo discutir sobre cualquier problema de negocios con mi grupo de amigas, sino también sobre el componente emocional de mis decisiones. Es probable que al final de la conversación tendré la perspectiva que necesito para avanzar con confianza. Y, por supuesto, la próxima vez que mis amigas necesiten de una crítica constructiva—o tan solo alguien que las escuche—yo estaré ahí para hacer lo mismo por ellas.